

Hay verdades que duelen más cuando se miden en cifras. Chihuahua es uno de los municipios con mayor cumplimiento de cuotas patronales al IMSS. Sus trabajadores y empresas aportan alrededor de 26,500 millones de pesos anuales al Instituto. Somos una de las diez entidades que más recursos generan para el sistema de seguridad social del país. Y sin embargo, en 2026 el presupuesto de inversión del IMSS para Chihuahua se desplomó casi 55%, pasando de 1,384 millones a apenas 646 millones de pesos.
¿Cómo se explica semejante contrasentido? Con una sola palabra: política.
Antes del régimen de Morena, la asignación presupuestal al IMSS respondía, con todas sus imperfecciones y áreas de oportunidad, a criterios técnicos: crecimiento demográfico, derechohabiencia y necesidades de infraestructura. El Hospital Morelos ya era viejo, sí, pero existía un proceso institucional. Hoy ese proceso ha sido sustituido por la extorsión disfrazada de política pública: "Si quieren infraestructura, tienen que firmar el convenio", declaró abiertamente una senadora de Morena. Chihuahua decidió no adherirse al modelo IMSS-Bienestar, y la respuesta federal fue excluirla del plan de nuevos hospitales. Así de simple, así de inaceptable, así de cínico.
El costo humano es brutal. Durante 2024, el IMSS dejó de surtir más de 4.5 millones de recetas en todo el país. En Chihuahua, el 59% de las quejas ante la CNDH corresponden al IMSS por desabasto de medicamentos y demoras. Estos números y cifras pasan de un contexto político y administrativo aun contexto de desgracia y tragedia familiar, al no poder en muchos casos, padres de familia solventar los medicamentos o tratamientos necesarios para sus hijos y demás familia.
Es por esto, que la salud se vuelve un botín político, un arma de coacción, un chantaje de la mas baja calaña, y un caso de miseria y mezquindad política por parte de la federación para con Chihuahua.
Chihuahua (sus empresas, sus patrones, sus trabajadores) cumplen. El gobierno federal cobra. Y la salud, que debería ser un derecho, se ha convertido en moneda de cambio electoral. Eso no es política social: es un crimen de Estado disfrazado de ideología. Sin embargo, la apuesta del gobierno federal, es, que mientras ellos sigan otorgando becas sociales, la gente no voltea a ver la atención miserable que tienen en el IMSS. Al parecer ya la cuestión es critica y no da para más. Al tiempo.


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